Un plan que sabe lo que le falta.
Cualquier programa dibuja un calendario. La pregunta que casi nadie responde es la siguiente: ¿cuánto le falta a ese calendario para ser el mejor posible? Sin ese número, un plan parece bueno hasta que aparece otro mejor, y entonces ya es tarde.
Nosotros entregamos las dos cosas: el plan y la distancia que lo separa del óptimo. Cuando esa distancia es cero, va con la demostración de que no existe nada mejor.
Se leen tus reglas
Las que ya están escritas dentro de tu fichero: qué va antes de qué, cuántas máquinas hay, qué fechas están comprometidas, qué periodos no se pueden tocar.
Se busca el mejor plan
Con la capacidad y el coste reales delante, eligiendo entre alternativas: fabricar o comprar, línea rápida o flexible, turno extra cuando sale a cuenta.
Se mide la distancia
Cuánto le falta a ese plan para el mejor que existe. Es el número que permite decidir si merece la pena seguir buscando o ya está.
Un puente de verdad, con nombre
El Tappan Zee, sobre el río Hudson. Su cronograma es público: lo publica la biblioteca de la Universidad de Gante con los datos del propietario de la obra, diecinueve actividades y veinte tipos de recurso.
Su plazo era el mejor posible, y eso se demostró: con sus mismas fechas de arranque, sus mismos topes de maquinaria y sus mismas precedencias, no existe ningún plan más corto que sus 1.289 días laborables. Decirlo forma parte del trabajo, porque una herramienta que solo sabe encontrar defectos no es un diagnóstico.
Lo que su plan no vio es que durante quince días laborables, a partir del 20 de mayo de 2014, se solapan dos pantalanes provisionales y entre los dos piden más máquinas de las que el propio fichero declara que hay.
Se arregla retrasando una sola actividad quince días laborables, y la fecha de entrega no se mueve. Eso es una intervención de precisión: se toca una pieza, no se rehace el plan.
El nombre de la obra y su código de ficha los publica la propia biblioteca. El fichero es suyo y no se redistribuye: lo de arriba son medidas nuestras sobre un dato que cualquiera puede pedirles. Medido el 27 y el 28 de agosto de 2026.
Dónde nos examinamos
Los bancos de pruebas públicos son el examen que no elegimos: los problemas, las reglas y la tabla de resultados los pone una universidad.
Lo que aquí no se dice
Ninguna cifra de mejora de plazo sobre un cronograma ajeno. Un fichero real trae anclas, calendarios y restricciones que hoy no se leen enteras. Si se le suelta a un motor sin eso, devuelve un plazo mucho más corto y un ahorro espectacular, y ese número es mentira. Comprobar si un plan se sostiene, sí. Presumir de recorte, todavía no.
Cuando el fichero no trae bastantes enlaces para juzgar el orden, el informe lo dice y no juzga. Un aviso falso gasta la atención de quien lo lee, y la próxima vez lee menos el que sí importa.